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Ángel Di María ha protagonizado más de una historia de superación. La última la lidió junto a su hija, Mía, a quien solo le dieron 30% de probabilidades de sobrevivir al nacer, a los seis meses de gestación. Pero hoy, un año y un mes después, su pequeña goza de buena salud. Sin embargo, ‘Angelito’ también esconde otras historias de lucha en su pasado.
Ángel fue un niño diferente: mientras la mayoría pasaba el día jugando, el pequeño Di María era más bien hiperactivo y bastante nervioso. “En mi casa, de tanto jugar, rompía todo”, reveló en una entrevista de hace algunos años. Por eso, cuando cumplió cuatro años, Diana, su madre, lo llevó al doctor. Pero el consejo que le dio no fue otro que hacer deporte. Así comenzó la historia de ‘Fideo’ en el fútbol.
Diana matriculó a su hijo en El Torito, el club de fútbol de su barrio La Cerámica, en Rosario. Ahí, ‘Angelito’ ya mostraba pinceladas de su juego. Y en un partido con la filial de Rosario Central, con solos seis años se robó la atención de los directivos del cuadro ‘canalla’, quienes negociaron su pase.
Y aunque no existen pruebas, Jorge Cornejo, ex presidente de El Torito, contó que los de Rosario ofrecieron nada menos que 25 balones profesionales a cambio de llevarse a Di María a su club, aunque nunca cumplieron su palabra. “Pedir plata por un chico de esa edad era absurdo para esa época, cuando todavía nada se sabía de la salida de Messi de Newell´s para ir a Barcelona”, reveló Cornejo.
‘Angelito’ tuvo que ensuciarse las manos (literalmente) para llegar a donde está. Su padre, Miguel, embolsaba carbón para ganarse la vida. Y a pesar de que el volante era muy delgado, debía cargar al día varias bolsas de carbón y leña. Por eso, Di María llegó a varios entrenamientos con las manos negras.
En un abrir y cerrar de ojos, Di María pasó de la Séptima División argentina a la Primera. Así, a mediados del 2007 ya estaba en el Benfica y en el 2010 el Real Madrid pagó nada menos que 25 millones de dólares por su pase.
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